“Barcelona fue capital del mundo hasta que se decidió que fuera capital de Catalunya”

Hace años que la vida de Loquillo transcurre entre la poesía y el rock, 30 para ser más exactos. Doble vida, dos personajes que se retroalimentan en una misma figura, referente de la cultura popular barcelonesa desde que José María Sanz comenzara a tocar con 16 años en el cabaret Tabú de la Rambla, “entre marines americanos y señoras de la vida”. Lo que comenzó como una huida de los Trogloditas en 1994 con la publicación de La vida por delante, se ha convertido en seis discos que tendrán su continuidad este mismo año con un álbum dedicado al premio Nacional de Poesía Luis María Mesanza. Poemas musicados que ahora se reúnen en el recopilatorio Transgresiones (Warner), título que define la intención de Loquillo al adentrarse en un espacio donde nadie le esperaba y, como él afirma, muchos nunca le han querido. Ahora se prepara para una gira que le llevará por primera vez al Liceu el próximo 17 de mayo dentro del festival Mil·lenni.

¿Por qué un recopilatorio?

Para poner en valía un trabajo de 30 años, empezó como proyecto alternativo y se ha convertido en una trayectoria. Me siento muy orgulloso de no haber recibido jamás ayuda del ministerio de Cultura, de la Fundación Autor ni del instituto Cervantes, que sería lo lógico, que promocionasen la cultura en lengua castellana, que hicieran caso a estos proyectos y los de otros compañeros que han hecho esos actos de fe en favor de la poesía hispana.

Hacía años que no salía de gira con este proyecto

La última vez fue en el 2011, en pleno subidón del 21% del IVA. Después me agarré a salir en medio del COVID, buscaba una manera de reivindicar el oficio y la música en directo en el peor momento posible. Sin vacunas, con la total nulidad del ministerio de Cultura y las comunidades autónomas y la única solidaridad de promotores privados y algunos alcaldes y alcaldesas que se atrevieron a ofrecer una pequeña programación musical en mitad de todo aquello.

«Es importante que el promotor tenga una herramienta como el estatuto del artista o la ley de mecenazgo»

¿El problema es que se confunde la cultura con el entretenimiento?

Pueden convivir las dos cosas, es importante que el promotor privado esté bien cuidado porque arriesga su dinero, y te lo digo porque lo soy. Es importante que tenga una herramienta como el estatuto del artista o la ley de mecenazgo, no aprobada aunque reivindicada desde hace 25 años en España, algo que sí ocurre en otros países. Estos promotores pueden convivir con el sector público, que debe favorecer a los espacios y cuidar la cantera. ¿Qué está pasando en Barcelona? Vamos a cierre por mes de locales de música en directo. Tantos festivales que se subvencionan, con un poco de ese dinero hubiera ayudado a que ciertos locales no hubieran cerrado. Si no, ¿dónde van los chavales ahora a tocar? Ahí hay un agravio comparativo.

¿Su proyecto continúa siendo transgresor?

Soy consciente de que me arriesgo aunque vengo de hacer tres Wizink seguidos, pero un artista que no toma riesgos no es un artista. El otro día escuché a Guillem Gisbert, cantante de los Manel, decir que era consciente de que lo que hacía [dejar a los Manel para emprender carrera en solitario] iba tener un coste en su público, pero lo asume. Eso es el valor, eso es un artista, el que es audaz perdura. Los que no se atreven, los que piensan que van a perder lo que tienen, generalmente se quedan por el camino. 


Loquillo, durante un concierto en Barcelona

César Rangel

«Esta es la primera vez que una banda de rock va a tomar el repertorio, los dos mundos se van a reunir»

¿Son complementarios el Loquillo rockero y el que canta poemas?

Necesito a ese personaje para construir el otro. Dejé la gira en octubre porque estaba agotado física y emocionalmente, no podía más con el personaje. La primera gira que hice con este formato fue en el 95 con Sopeña, y tenía más que ver con el cantautor clásico. La segunda la hice con una banda de jazz y la tercera gran gira fue con el disco de Luis Alberto, en la que se fundía por primera vez el rock con el pasado del que yo venía, con la banda de jazz o con las bandas de los cantautores españoles. Pero esto es otra cosa, esta es la primera vez que una banda de rock va a tomar el repertorio, porque es la misma banda que yo llevo, con Igor Pascual, Josu García o Laurent Castagnet. Va a ser la primera vez en que los dos mundos se van a reunir.

A lo mejor uno de los dos Loquillos desaparece

No, porque se retroalimentan, para mí lo difícil no es pasar del personaje de un auditorio de un teatro al rock, sino al revés. Pasar de exteriorizar a contener, que es un ejercicio de actor, es más complicado y necesita de un proceso, unos meses.

¿Cómo empezó a musicar poemas?

Es como un rompecabezas, mantengo una amistad tremenda con Quico Pi de la Serra, uno de los grandes autores excluidos de la música catalana. También soy fan de Ovidi Montllor y me gustaban las versiones de Paco Ibáñez de Brassens. Entonces se me ocurrió la gamberrada de llevar eso al rock, Quico llamó a Paco y se lo preguntó, Paco dijo que hiciera lo que me diera la gana, y me vi haciendo la versión de Brassens de La mala reputación.

«‘El hombre de negro’ fue muy importante para toda una generación de sacerdotes, desde entonces colecciono rosarios»

Después vino El hombre de negro de Johnny Cash

Desde entonces colecciono rosarios, lo digo muy orgulloso. Fue una canción muy importante para toda una generación de sacerdotes y eclesiásticos que tomaron los hábitos porque hicieron de esa canción una especie de himno. A día de hoy todavía me regalan rosarios, cuando viajo llevo siempre uno de los que me han regalado. A veces vienen los que en su momento fueron chavales y que ahora son cargos de la iglesia y te dicen “mira lo que llevo”, y suena El hombre de Negro. Es alucinante a donde te puede llevar una canción.

Y llega La vida por delante en 1994

Fue el tercer acto y el final de los Trogloditas. Después de cinco años de gira, totalmente agotados y destruidos por las drogas, necesitaba escapar de ahí. En el disco Hombres conocí a Gabriel Sopeña, que venía del mundo de la canción de autor y había hecho propuestas con el rock and roll, y empezamos a hablar de la locura que era ponerle música a la poesía y recuperar la tradición de los trovadores, pero en clave rock. Yo estaba harto del mundo del rock, del peterpanismo, de los aspirantes a Guns N’ Roses, así que me tiré a la piscina.

Fue un éxito, disco de oro

Lleva ya vendidas 100.000 copias, yo ponía la voz, los poemas los buscó Gabriel Sopeña. Después intenté recuperar a los Trogloditas pero era imposible, así que en el 98 seguí con Con Elegancia, fui el primer artista europeo en grabar una canción inédita de Jacques Brel. Si lo llega a hacer Serrat o Sabina ¿Qué hubiera sido? Pero lo hice yo y se preguntaron ¿Qué hace este aquí? Hasta el punto de que se hizo un homenaje a Brel en Barcelona y no me llamaron. ¿Por qué nadie nos hizo ni puto caso? Hay gente que cree que les pertenece algo, pero me da igual, lo único que me gustaría de este reto alternativo es que las nuevas generaciones reinterpreten a su modo esos poetas fundamentales de nuestra historia. Jamás voy a creer que esto me pertenece a mí.

«Fui el primer artista europeo en grabar una canción inédita de Jacques Brel. Si lo llega a hacer Serrat o Sabina ¿Qué hubiera sido?»

La lista de poetas que aparece en el disco es ingente, con Octavio Paz, Gil de Biedma, Montalban, Bernardo Atxaga, Pedro Salinas o Pavese

Hay dos partes, en la primera es Sopeña quien decide los poemas, y una segunda parte en la que ya decido yo. Soy yo quien decide hacer un disco dedicado a la obra de Luis Alberto de Cuenca, yo decido hacer Europa de Mesanza y el que decidió hacer la banda sonora de Mujeres en Pie de Guerra. Ya la cabeza me vuela, y a partir de lo de Brel, nada es imposible.

Y pone música a Dickens

Historia de dos ciudades es la mejor entrada de la historia de la literatura. Fue una idea que me vino en la covid, me refugié en Dickens, primero por los cómics aquellos de Bruguera. Ves aquello y dices, no me lo puedo creer, estamos viviendo eso. Dickens fue un arrebato, pero después pusimos a Zanon, que es el último gran cronista de la ciudad de Barcelona junto a Casabella, Sabino Méndez, Ramón de España y Javier Agulló, que es uno de los grandes cronistas de la Barcelona de los 70 y 80. Zanon tenía que estar, también porque era la renovación y un poeta que crece en lenguaje rock, como Luis Alberto de Cuenca.

¿Qué ha aprendido versionando poemas?

Me ha servido sobre todo para descubrir el teatro y coincidir con una parte de mí que tengo por ADN y por ser barcelonés. No solamente es el rock and roll de Los Sirex, Los Salvajes y Los Cheyenes, está el poso de la chanson que hubo en Barcelona con cantadores como Serrat o Ovidi, y que marcó a una parte de la canción. También la influencia francesa ha sido determinante en mi vida ¿Qué sería yo sin Johnny Halliday? Uno tiene que conocerse y con los años ese rompecabezas termina por hacerse.

«Llenar el Liceu es un sueño, cuando tenía 16 años tocaba en el cabaret Tabú, entre marines americanos y señoras de la vida»

Lo hará en el Liceu

Llenar el Liceu es un sueño, cuando tenía 16 años tocaba en el cabaret Tabú, entre marines americanos y señoras de la vida. Hacíamos nuestros trapicheos de chocolate, porque éramos chavales, y veíamos cómo los anarquistas tiraban tomates a los burgueses, todavía burguesía franquista, que entraban en el teatro. Ahora voy a tocar yo, es un camino.

¿Ha ido mucho al Liceu?

Solo he visto a Johnny Hallyday y Bunbury, supongo que por concepto de clase. He visto ópera en otros sitios, en el Teatro Real, pero hay algo ahí que en su momento no me dejaba.

¿Le habían propuesto antes ir al teatro de la Rambla?

Varias veces haciendo rock, pero tenía que ir haciendo esto. No es ser ortodoxo, pero la ética y la estética son muy importantes, no puedes llevar un espectáculo de rock a un lugar como el Palau de la música. Toqué en el Palau con La vida por delante y fue uno de los grandes momentos de mi vida, sentir el parquet donde habían estado los grandes. Es una cuestión de tener la suerte de poder disfrutar tocando en un teatro de mi ciudad. 

¿Le quedan otros escenarios por pisar?

Me faltan el Grec y la plaza Monumental de Barcelona, inaugurarla para que se dedique a la cultura de nuestra ciudad. No puede ser que un espacio como la Monumental esté muriéndose de risa. Yo tengo varias cosas que nadie puede decir, como el récord de público en Barcelona, 125.000 personas de pago en las fiestas del PSUC, en el Sot del Migdia. Lo siento, lo hice yo y no los Coldplay. Pero en 47 años de carrera no he tocado en el Grec, me lo han quitado siempre, de la misma manera que nadie me ha dado un Ondas.

«En 47 años de carrera no he tocado en el Grec, me lo han quitado siempre, de la misma manera que no tengo un Ondas»

¿Cómo es su relación con Barcelona?

Soy hijo de la Barcelona de los 70, toda la gente de Madrid venía aquí, pero en el año 80 la ciudad era Madrid. Barcelona había perdido todo, nos fuimos porque las compañías de discos cerraron y se fueron a Madrid. Después, con las olimpiadas,  Barcelona retoma el liderazgo, siempre ha habido una especie de líneas transmisoras. No vivo aquí desde hace 15 años, pero por lo que me cuentan, cuando una ciudad no se renueva no se renuevan las ideas, se queda vieja. Al expulsar a la gente joven  las viejas ideas permanecen, la transgresión deja de existir. La gente joven no tiene acceso a nada y las ideas que siguen son las viejas.

Tal vez el problema atañe a todo el continente

Hay mucho de eso, Europa se está haciendo vieja y vemos su decadencia, no hace falta ser muy listo para darse cuenta. La pérdida de las ciudades viene dada por esa no renovación de las generaciones, que no tienen dónde empezar o plantearse una vida. En nuestro caso salíamos de una dictadura, de la misma manera que en los 60 la generación que hizo todo el cambio venía de una segunda guerra mundial. De repente sale una generación de actores, todos los hungry young men ingleses, la nouvelle vague o el neorrealismo, con hambre de arte, de crear. Recuerdo esa generación porque yo era joven en los 70 cuando empecé en el Tabú, en las Ramblas.

«Vale ya con lo de la gauche divine, donde realmente hubo la transgresión fue en la Cúpula Venus, allí pasó todo»

¿Cómo era aquel ambiente?

Fue más importante la Cúpula Venus que el Bocaccio, eso hay que decirlo de una vez. Vale ya con lo de la gauche divine, donde realmente hubo la transgresión fue en la Cúpula Venus, allí pasó todo a finales del 78 en las Ramblas, desde Rubianes a Loles León, Pavlovsky…. Ocaña era el sitio más libre que he visto en mi vida, aparte del Rock-ola que vino luego. No entiendo por qué no se reivindica ese lugar como el templo de la transición en la Barcelona de los 70. Bocaccio era la gauche divine, pero ¿qué era la gauche divine? Los niños bien de la burguesía catalana que veraneaban en Palamós.

La cultura popular ha quedado olvidada

¿Por qué hablas con un Pissarello y no sabe que Gardel fue alguien muy grande en Barcelona? Que no sepa nadie quién es Raquel Meller, José Guardiola, el Dúo Dinámico, los Sírex, los Salvajes, los Cheyenes, los Lone Star. En los 80 hubo una subcultura en Barcelona que todavía permanece de rockers, teddy boys, punks y mods con Último Resorte, Los Rebeldes, los Negativos o los Brighton 64. Cualquier otra ciudad lo pone en valor ¿Por qué razón nos tenemos que comer siempre el sambenito de Barcelona como ciudad de la Nova Cançó y la rumba? Tengo 63 años, vale ya, se debe dar a cada uno la importancia que merece. Todas esas músicas, el pop, el rock and roll, el hardcore o el punk rock han sido despreciadas, y cada vez más. Es un problema endémico, se lleva incluso en el ADN. Cuando me preguntan, digo que soy ciudadano del mundo, nací en Barcelona y por eso soy ciudadano del mundo, lo llevo aquí bien claro [y señala el escudo de la ciudad que lleva tatuado en el antebrazo derecho]. Barcelona fue la capital del mundo hasta que alguien decidió que fuera la capital de Cataluña, pero yo tuve la suerte de vivir esa Barcelona que cambió el mundo. 


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