Metáfora del puente, por Antoni Puigverd

Días atrás, en un acto de la UCE de Prada, en la Catalunya francesa, coincidieron diversos expresidentes de la Generalitat. Carles Puigdemont centró la atención por sus excepcionales circunstancias y porque los diputados de su partido en Madrid son decisivos. Pueden hacer posible la presidencia de Sánchez (hipótesis muy difícil). Pueden favorecer un giro de 180 grados en el PP (hipótesis remotísima). Pueden forzar nuevas elecciones. Existe otra posibilidad: que Puigdemont aproveche la oportunidad para volver a hacer política. Escribí que esto no pasaría. Me alegraría haberme equivocado.

Acto del 50 aniversario de la muerte de Pau Casals en Sant Miquel de Cuixà con la presencia de los presidents de la Generalitat Aragonès, Torra, Puigdemont, Montilla i Pujol. Pere Duran/ Nord Media

 

Pere Duran / Nord Media

La derecha ha criticado la presencia en este acto de José Montilla, quien, pese a saber que se metía en territorio hostil, participó en el encuentro por una razón elemental: un partido de gobierno nunca puede dejar un espacio sin ocupar ni una opinión por expresar. Si un error político han cometido los socialistas durante los últimos 13 años, es el de haberse inhibido del debate público. Cedieron el terreno a los polarizadores de una y otra trinchera. El público de Prada abucheó a Montilla. Desde que se puso de moda celebrar los Onze de Setembre junto al monumento a Rafael Casanova, insultando a las ideas consideradas impuras, una parte del independentismo ha convertido la insolencia en un sello de identidad.

Siempre damos cancha a los uniformistas; nunca a militantes de la fraternidad

Montilla defendió su visión de España: fraternal, orgullosa de su pluralidad. Tal visión suscita un gran escepticismo en Catalunya. Quizás porque tenemos siempre en mente a los detractores, alérgicos y enemigos de la pluralidad en España; y nunca damos espacio a los militantes de la fraternidad. Como el poeta Joaquín Luque Tenllado, que el año pasado contribuyó desde Córdoba al 50 aniversario de la muerte de Gabriel Ferrater con un librito delicioso que es, a la vez, un diálogo con el poeta, un homenaje a su poesía y una reivindicación de los grandes poetas catalanes, que este cordobés ama y conoce a fondo. “Es censurable que (…) la literatura catalana esté omitida [en España] y reducida a una mera insignificancia. Todos zozobramos con esta pérdida de la fascinante literatura catalana”. Montilla y Luque encarnan la metáfora del puente: cuando comienzan las hostilidades, es lo primero que se bombardea. Pero es lo primero que hay que reconstruir.

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